Me asomé a la ventana, como hago siempre, al oir la sirena. Ya estaban allí dos coches patrulla, y en cuestión de minutos llegaron dos ambulancias y un camión de bomberos. Lo que sí había era público. Siendo noche ya cerrada y con el frío que hacía, no me explico muy bien de dónde había salido tanta gente, pero la aglomeración era importante. Yo, una vez observado el operativo, y no sabiendo muy bien de qué iba la historia, volví a sentarme en el sofá y seguí viendo la tele tan tranquilo. Total, todos los míos estaban en casa, así que...
Un blog es como un accidente. Siempre interviene un vehículo, en este caso un lienzo negro, y hay al menos una víctima, el que esto escribe. El blog me llevó por delante hace ya algún tiempo y aún arrastro secuelas. Unos días cojeo de un pie y otros me duele una mano. Tengo temporadas buenas y malas, y cada vez me afectan más los cambios de tiempo. Vamos, que creo que esto va para largo e incluso he llegado a pensar que no me curaré nunca.
Una vez producido el accidente empieza a llegar gente. Se produce mucha expectación y hay un poco de todo. Hay espectadores que pasan casi de largo y echan un vistazo como con desgana. Otros paran un ratito para ver si descubren algo. Los hay muy voluntariosos que se ofrecen para ayudar e incluso echan una mano sin que se lo pidan, así que a veces molestan un poquito. Están los profesionales que se arremangan y aportan toda su sabiduría médica a la solución del problema. Y están los que critican lo mal que lo hace todo el mundo: a la víctima por serlo, a los voluntarios por ofrecerse, a los profesionales por querer colgarse medallas, y a los servicios de urgencia por haber llegado tarde y mal. Son estos últimos los menos, pero a los que más se les oye.
Yo no busco espectadores, y sólo pido que los que se paren a ver lo que pasa, aporten algo interesante, o si no, que se queden calladitos.