jueves, 4 de diciembre de 2008

Hogar, dulce hogar

Me he arrepentido y he vuelto a casa.

Soy un débil.

Zona cero

Me asomé a la ventana, como hago siempre, al oir la sirena. Ya estaban allí dos coches patrulla, y en cuestión de minutos llegaron dos ambulancias y un camión de bomberos. Lo que sí había era público. Siendo noche ya cerrada y con el frío que hacía, no me explico muy bien de dónde había salido tanta gente, pero la aglomeración era importante. Yo, una vez observado el operativo, y no sabiendo muy bien de qué iba la historia, volví a sentarme en el sofá y seguí viendo la tele tan tranquilo. Total, todos los míos estaban en casa, así que...
Un blog es como un accidente. Siempre interviene un vehículo, en este caso un lienzo negro, y hay al menos una víctima, el que esto escribe. El blog me llevó por delante hace ya algún tiempo y aún arrastro secuelas. Unos días cojeo de un pie y otros me duele una mano. Tengo temporadas buenas y malas, y cada vez me afectan más los cambios de tiempo. Vamos, que creo que esto va para largo e incluso he llegado a pensar que no me curaré nunca.
Una vez producido el accidente empieza a llegar gente. Se produce mucha expectación y hay un poco de todo. Hay espectadores que pasan casi de largo y echan un vistazo como con desgana. Otros paran un ratito para ver si descubren algo. Los hay muy voluntariosos que se ofrecen para ayudar e incluso echan una mano sin que se lo pidan, así que a veces molestan un poquito. Están los profesionales que se arremangan y aportan toda su sabiduría médica a la solución del problema. Y están los que critican lo mal que lo hace todo el mundo: a la víctima por serlo, a los voluntarios por ofrecerse, a los profesionales por querer colgarse medallas, y a los servicios de urgencia por haber llegado tarde y mal. Son estos últimos los menos, pero a los que más se les oye.
Yo no busco espectadores, y sólo pido que los que se paren a ver lo que pasa, aporten algo interesante, o si no, que se queden calladitos.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación

Estrenar casa tiene sus pros y sus contras, como todo.
Un buen pro es que, como has elegido tú la zona y la decoración, ya serías tonto si eligieses algo que no te gusta. A mí, este nuevo hogar, me gusta.
Un contra muy contra es la posibilidad de haber caído en medio de un vecindario poco recomendable. Eso, por desgracia, ya no es algo que dependa de ti, sino de los demás. Que los demás sepan adaptarse a ti y tú a ellos es complicado. Cada uno tiene sus manías, sus opiniones y sus costumbres, que por muy normalitas que nos parezcan pueden parecerles todo lo contrario a nuestros vecinos.
A mí, por ejemplo, me gusta contar sin contar, decir cosas sin decirlas del todo o que tengan varias interpretaciones y que cada uno las asimile en función de sus propias circunstancias. Esta costumbre, de vez en cuando, me origina disgustos de tal magnitud que desembocan en lo inesperado.
Y mira tú por dónde he desembocado aquí.

Amanece

Salgo pegando un portazo de mi anterior casa al mismo tiempo que abro la puerta de esta. Huele a nuevo. Me gusta.
La otra se me había llenado de gente que no hacía más que quejarse. Que si dices, que si no dices, que si insinúas, que si no... A la mierda todo el mundo.
¿Acaso alguna vez pedí yo a alguno de aquellos okupas que entrase a visitarme y mucho menos que se quedase a vivir conmigo?, ¿dije yo en alguna ocasión que deseaba compartir piso?
Nunca.
Así que ahí os quedáis todos con vuestras cosas. Me mudo y ni siquiera me despido.
Ya me echaréis de menos.