Madre mía. Lo que me ha costado volver.
Nadie se lo creerá, pero llevo un par de meses dando vueltas y buscando por todas partes la dirección de correo electrónico y la contraseña válidas para acceder a lo que pretendía ser un diario no diario, un vertedero de pensamientos. Para acceder a esto, vamos.
Y hoy, vaya usted a saber por qué, todo ha ido más o menos rápido y en un par de horas he dado con la dirección y la clave.
Tengo, por aquello de malmeter en todos los foros en los que puedo, varias direcciones de correo electrónico de varios proveedores diferentes y todas con alias diferentes. Osea, que vivo sin vivir en mí y sin esperar nada a cambio, porque con esta memoria que padezco, debo tener otras tantas direcciones por ahí más muertas que vivas de pura inanición
e inutilidad.
Me lo tengo bien merecido por metomentodo, por cotilla y, sobre todo, por cobarde.